Los varios que vienen y van

ArtEspida1 nace de una apuesta del equipo clínico del Hospital de rehabilitación psiquiátrica de Piñor (Ourense, Galicia) para transformar el abordaje y tratamiento de la locura y plantó la semilla de lo que hoy representa el espacio de creación libre. Desde el taller se propone una articulación hospital-sociedad, tal es su vocación. Un espacio de intercambio de proyectos, ideas, colaboraciones, en los que la subjetividad juega un papel central, buscando la manera en que un sujeto pueda ser entendido y acompañado en su singularidad y, quizás así, encontrar un modo de habitarse y habitar con otros, menos marcado por el estigma de la etiqueta diagnóstica y de los significantes amos imperantes en el discurso colectivo sobre la salud mental.  Desde el marco teórico del psicoanálisis, que comienza con el estudio del Art Brut, se pretende observar, acompañar y aprender de los efectos subjetivos del proceso creativo en la locura, entendidos como maniobras para sostenerse con menos sufrimiento psíquico.

ArtEspida es un invento. ¿Y qué caracteriza a un invento? Viene a un lugar donde antes, allí, no había nada, o sí, pero no lo que está por inventarse. Todo invento es pensado, pues, a partir de una necesidad o de un deseo. Se espera que cumpla algún tipo de función, que sirva para algo, que produzca efectos. Por lo tanto, de entrada, nuestro deseo está en juego y esto, en la psicosis, es delicado de manejar en, al menos, dos direcciones:

  1. La de nuestro deseo como posible encarnación de un Otro amenazante que algo quiere del sujeto.
  2. La de venir a ocupar un lugar de saber.

Sabemos que para el sujeto, en la psicosis, todo el saber que necesita está de su lado y que la transferencia se puede instalar cuando devenimos merecedores de su confianza, lo más valioso que nos puede entregar. Dos son entonces las principales precauciones que tomar: ocupar un lugar vaciado de saber y la difícil modulación de nuestro deseo, de manera que sea suficiente para causar un acto creativo evitando el fácil deslizamiento a un lugar de demanda, cuando no de persecución, o de cualquier otro posible modo de gozar de él.

¿Cómo pensar, entonces, un invento que estando ya allí, puesto en acto y real, convoque sin demandar? Pensaba en esta cuestión de la demanda, que existe, por el mero hecho de estar nosotros ya allí. Lo explico. Estos días pasados fuimos invitados a participar en la Primeras Jornadas sobre Autismo de TEAdir Aragón2 donde pude escuchar el modo de abordar la relación con el objeto en el autismo y que me invitaron a pensar la cuestión desde una perspectiva topológica, donde no queda claro qué está antes y qué después, qué al principio y qué al final. El objeto demandado o el objeto como el agente de la demanda, por ejemplo: un vaso que no hace más que dar sed y que obliga a beber y beber. Una vía de reflexión que me ha puesto al trabajo.

Del psicótico solemos decir que no ha perdido el objeto…, que lo lleva en el bolsillo…, que es su manera de mantenerse completo…, pero parece haberse separado lo suficiente para que sea algo que pueda llevar. En ese aspecto, cierta alienación al Otro ha sido posible pero estos objetos (pulsionales) que lleva encima pueden pesar mucho y captarlo en exceso: la mirada perseguidora, el retorno de las voces, la petrificada literalidad de la palabra…, etc.

Erraríamos al homologar la experiencia autística a la psicosis en adultos, con la que estamos habituados a trabajar, pero pensar los objetos como lugar de demanda me parece pertinente e invita a la reflexión. A nuestro espacio hay que entrar, no se lo encuentra de frente en un pasillo, y lo primero con lo que uno se topa es (al menos en eso estamos) con un museo-taller. Representa el legado de todos aquellos que antes pasaron por allí y que nos dejaron sus creaciones. Es bello e impactante y me pregunto si ante esta referencia puede surgir la pregunta: ¿de qué manera se puede uno representar en este espacio? Ante esto que ya está aquí y adorna este lugar ¿qué puede uno hacer? ¿En qué forma invertida podría llegarle al sujeto la interpelación de un espacio como el nuestro? Quizá es una pregunta demasiado ambiciosa (es más que posible que ni siquiera se la hagan) teniendo en cuenta la precariedad, cuando no la imposibilidad, para representarse en el campo simbólico del Otro en los sujetos con los que trabajamos. Pero más allá de si esta representación es posible (o incluso deseable, dependiendo de en qué manera ésta podría producirse), prácticamente todos los participantes, al llegar, observan las obras allí expuestas o en proceso de creación y, a menudo, hace falta un trabajo a priori que invite a la creación libre, es decir, despojada de cualquier ideal estético.

Por tanto, la apuesta del espacio pasa por intentar sustraernos lo máximo posible de un lugar de demanda y de ideal, colocando un lugar vacío en el inicio para tratar de convocar allí una producción singular con la que el bricoleur pueda armar su propia invención, con sus piezas sueltas y las que nosotros le brindamos. Proponemos tomar el matema superior del discurso analítico:

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La complejidad de este invento nuestro radica, a mi juicio, en la aspiración a crear un lugar físico, pero también subjetivo, que pueda causar un deseo, un impulso de creación mientras nos sostenemos en una posición, como dice Miller, de aguardar sin esperar.

Por otro lado, como todo taller, está lleno de objetos, materiales, herramientas, soportes…, y a pesar de que los participantes son invitados a unirse cuando se dan unas condiciones mínimas establecidas por los clínicos; de entrada, nunca tenemos la certeza de qué efecto tienen sobre aquel que decide entrar. Pienso en C, un chico ingresado que va y viene cuando quiere, entra y sale a voluntad, siempre enfundado con una capucha y tras una mascarilla que imagino cumple más de una modalidad de protección. Nunca nos pide nada y rara vez se sienta más de cinco minutos a dibujar. Sus apariciones por el espacio suelen consistir en paseos entre las cosas, curioseando por los rincones, levantando los objetos, preguntando de quién es cada cosa, con una especie de prisa, como quien busca algo sin saber muy bien qué. O en M, anfitriona por excelencia de todo visitante de ArtEspida, amable y prolija en sus explicaciones acerca de quiénes somos y qué hacemos allí. En las épocas en las que encuentra estabilización, además de poeta ha devenido cartoescultora, modalidad creativa absolutamente singular y que le ha otorgado un importante lugar en el acervo artístico del proyecto. Bastante a menudo, la pérdida de un objeto suele ser contemporánea de una crisis: un cuaderno que: “dejó allí, ¡seguro!” y que no aparece por ninguna parte, un boceto que le han extraviado, un material que se había reservado, un fragmento de poema en un papel, un bolso que no encuentra, pero recuerda haberlo dejado en su rincón del taller… Signos, interpreto, de un extravío subjetivo, enigmático, que probablemente hablan de algún tipo de desanudamiento y que se manifiestan, en el lazo con los otros, en una cierta hostilidad o irritabilidad y que obstaculizan, por un tiempo, su capacidad creativa.

La experiencia en los años que llevamos con este proyecto da cuenta también de ciertos riesgos de los que no está libre este espacio. A menudo el taller entra en una cierta inercia ante la que conviene ser dócil pero también saber detectar y conmover cuidadosamente. Para esto, tienen un enorme valor las visitas que recibimos. Unas, programadas, otras, absolutamente contingentes.

Pablo Otero, un consolidado artista ourensano al que invitamos a conocernos, ha tenido un papel importante en los diferentes momentos en los que nos ha visitado. A partir, por encima de todo, de su posición subjetiva y con una mirada y una escucha sencilla y humilde, ha creado un buen lazo con los artistas participantes y ha tenido efectos importantes. Él, como algunos otros, representa al Otro de la cultura y el arte que se acerca y mira, que dignifica y pone en valor las producciones allí realizadas y se incluye, como uno más en acto, tanto sentándose a crear o preparar material propio, como colaborando en la preparación de alguna de nuestras exposiciones3. A su vez, conmovido por nuestro primer encuentro, nos pone en contacto con una amiga y compañera, María José Floriano. Ella, periodista y escritora, nos ha visitado en un par de ocasiones, las primeras de una serie de la que no se conoce el final y que van creando el humus de donde quizá emerja un producto propio, el de ella, para dar cuenta, a través de una futura obra aún por definir, de su particular manera de subjetivar este invento llamado ArtEspida.

Del lado de la contingencia, lo asombroso: cuatro estudiantes de un ciclo superior de Audiovisual están de cañas por Ourense una tarde cualquiera. Se trata de unos jóvenes que se sienten interpelados por la cuestión de la Salud Mental y han decidido hacer, como trabajo de fin de ciclo, un documental acerca de la problemática del suicidio. Conversan acerca de esto entre ellos en una terraza donde alguien, desde otra mesa, los escucha y les dice: “Tenéis que hablar con Chus, en el hospital de Piñor”. Se trata de un TCAE, que trabaja en el hospital.

Apenas dos días después, tres chicos que nadie conoce se presentan en el despacho de la directora del hospital preguntando por Chus. Vienen, conocen el espacio, el proyecto y la llama prende. Regresan dos semanas después, esta vez los cuatro, y con ideas para trabajar. Quieren hablar de ArtEspida, creen que es necesario contarle a la ciudadanía lo que pasa allí y quieren organizar una exposición además de proponernos una proyección privada de su documental para los interesados del hospital. Nuestro proyecto puede salir y el de estos chicos puede entrar. En esta segunda ocasión, coincide que nos están visitando Pablo y Mariajo. El lugar se libidiniza, el lazo circula y enlaza, una idea llama a otra y la articulación Hospital-Sociedad, presente en el deseo que sostiene el proyecto, se materializa en acto.

Un broche final

Juan Carballo, enfermero de Piñor y artista anónimo (de momento), nos visita todos los días del taller. Le fascina el espacio y lo que allí sucede. Como parte del equipo de enfermería es alguien a quien conocen bien, que viene y mira, y, además, admira. Juan ha estado juntando también sus piezas sueltas, a partir de materiales reciclados, restos, maderas, hierros… Ha creado una obra de una magnífica singularidad y que, por primera vez, ha decidido mostrar al público en ArtEspida. Este acto de Juan ha tenido valor de acontecimiento tanto para él como para el hospital. Juan se ha mostrado a los otros aquí y les ha mostrado a algunos otros, con motivo de su obra, el espacio, hasta ese momento desconocido.

La transferencia en red no circula en una sola dirección, de eso se trata por su estructura. Pero no es esta una red, al modo de pensar en la pesca, que sirva para contener o atrapar nada en su interior. Se trata de una red vacía a la que poder incorporarnos todos como elementos de ella, hacernos en su estructura como parte de sus puntos de intersección y de esa manera, sostener esta invención desde el lazo-nudo.

*Texto presentado en las II Jornadas Clínicas Cadillac-Piñor: “Transferencia en red. La clínica en la Institución”, celebradas el 25 de abril de 2025 en Ourense.

 

Notas:

  1. ArtEspida es un significante inventado a partir de dos palabras: Arte y Espida. En gallego, espida quiere decir desnuda, pero nuestro uso remite a un arte desprovisto de cualquier referencia estética o académica, ligándolo así al Art Brut.
  2. Celebradas en Zaragoza los días 11 y 12 de abril de 2025.
  3. Como la Exposición Internacional de ArtBrut “AL³”, inaugurada el 2 de abril de 2025 en Zaragoza y en la que acabamos de participar, junto a CTR Nonette, invitados por la Asoc. “Andar de Nones”.