fernandezmalloEn los tiempos del remake y la multidisciplinariedad, la obra de Agustín Fernández Mallo cobra mayor relevancia. En esta entrevista, Stephanie Alcantar conversa con el autor de la trilogía Nocilla Project, miembro importante de la generación Afterpop, para hablar acerca de la relación entre las ciencias y la literatura, su proceso creativo, la narrativa en la televisión, sus lecturas y trabajos actuales y la idea de la escritura como reciclaje.

¿En qué momento surge la escritura? ¿Cómo un físico empieza a escribir poesía?

En realidad, desde que estudié física, vi que en ella hay cierta poética. Hay estructuras bellas, y tú, que has estudiado matemáticas, lo sabes tan bien como yo.

Hay un reconocimiento del sujeto emocionante, de lo que hay ahí dentro, de lo que alguien ha construido: un elegante desarrollo matemático, una elegante explicación. Por algo los científicos a veces decimos que una teoría es muy elegante o no, o que funciona, pero es lo que en España se llama una «chapuza», que es como un recorte de cosas pero que no…

Que no tiene el arte, o el toque de los procedimientos que fluyen o son.

Claro, si lo piensas son criterios estéticos. Siempre percibí eso y claro que ocurre… pero nunca pensé escribir poesía. A mí me encantaba la literatura, por supuesto, y leer. Me gustaba además la poesía esencialista, del yo o de recorrido místico, como podrían ser José Ángel Valente, Claudio Rodríguez. Me interesaba porque hay una especie de abstracción poco naturalista, poco descriptiva, que se asemeja al modo en que yo veía y aún veo el mundo matemático, ¿sabes? Un mundo más mineralizado que va más a cuestiones abstractas, no sólo a describir o a narrar una situación en concreto. Yo asocio ese tipo de poesía «mística» con esas estructuras matemáticas o científicas. Pero no porque no haya emoción, sino porque hay mucha pero a través de lo abstracto.

Y a través de la intuición. ¿Al estar leyendo este tipo de poesía llegaste a pensar que la ciencia podría ayudar a conseguir esa concreción?

Sí, pero más que ayudar, no como un elemento externo que viene a hacer algo sino con un peso específico. A mí la ciencia como elemento de trama no me interesa. Mi interés está en la ciencia como creadora de metáforas en sí misma. Por ejemplo, en algún libro pongo «horizonte de sucesos», un término físico muy concreto, «el punto más allá del cual ninguna información puede llegarnos». Pero eso es un concepto puramente científico que se puede conceptualizar matemáticamente. Es donde veo la fuerza de la ciencia, donde la ciencia también usa metáforas. Y de hecho está llena de ellas, como ésa y como tantísimas otras.

Cuando estudiaba física me topé con Borges por alguien que me prestó El hacedor y me quedé totalmente fascinado porque me di cuenta de que ya alguien había tenido la misma idea. Y es entonces cuando me fasciné totalmente con ese libro, y también me dio mucho ánimo porque me di cuenta de que es posible y de que yo también podía, a mi manera, hacerlo algún día. Pensaba que si algún día escribiera, escribiría poesía y ensayo, pero no novela. Sería una poesía que introdujera toda mi contemporaneidad, las ciencias, pero también la sociedad de consumo, la sociedad en la que vivo.

¿Ahí surgió una necesidad de escribir? ¿o siempre estuvo presente?

Siempre y sobre todo lo mío; para mí lo más importante era no copiar sino intentar crear mi propia poética.

Esa disposición viene sobre todo determinada por tu profesión científica.

Claro, porque tú sabes que en ciencias, aunque te basas siempre en los trabajos de otros, hay que intentar aportar algo nuevo.

Además de los agujeros negros, quisiera saber, desde tu punto de vista, ¿cuáles son las ideas físico-matemáticas a las que siempre vuelves, las más recurrentes en tu obra?

Una idea que siempre está es la de la aproximación infinita al límite, un límite que nunca alcanzas; que, en otras palabras, es la recta real. Pues es esa especie de subdivisión en la cual al final siempre hay un resto, algo que no puedes alcanzar. Eso me parece una idea potente y está en el ensayo que ahora estoy terminando, hablo algo de esto. Bueno, pues ese resto tiene que ver a lo mejor con lo que llamamos basura; es decir, algo que despreciamos porque nos resulta inútil, que no nos vale para nada, algo que no podemos manejar y tiramos al cubo de la basura, lo que nos sobra de las cosas. Lo que me interesa con esto es hacer una metáfora al asociar ese tipo de restos infinitesimales en matemáticas con los restos o la basura o lo que se desprecia en la sociedad de consumo. Son residuos físicos pero también pueden ser recibos simbólicos.

Otra idea física y matemática que he usado, porque uso muchas, es todo lo que tiene que ver con la topología, lo que podemos decir que es retorcer los materiales, los objetos. Como esta idea de que un «donut» con todo y un agujero se convierta en taza. Y que todo esto topológicamente es el mismo objeto. Pero evidentemente son distintos objetos que tienen distinta apariencia. Y bueno, eso que se mantiene en una transformación topológica y al mismo tiempo la otra parte que varía, que es su forma, es algo que me interesa muchísimo porque para mí eso es el concepto de metáfora.

La metáfora es algo que une parcialmente dos conceptos. Entonces en la intersección no vacía de esos conceptos, se igualan, y en las otras son distintos. Como dos diagramas de Venn que se intersectan. Eso para mí, desde la topología, es la metáfora, esa clase de unión de dos conceptos. Esta parte de intersección no vacía es lo que tienen en común dos conceptos.

En general, si tuvieras que definir tu obra con tres palabras, ¿cuáles serían?

Creo que hago una literatura de residuos complejos. Residuos tiene que ver en parte con articular, armar los libros y mi camino poético con elementos que en principio son residuos para el sistema cultural. Son residuos, spam, ruido, basura que el sistema cultural nunca pensaría en aprovechar y yo me las apropio, las reciclo de un modo estético.

Es, por ejemplo, una fórmula. Para el sistema cultural poético normativo es basura, no vale, no la saben manejar, no tienen recursos para manejarla. Lo que hago es encontrar el recurso para usarla. Pero igual, cuando hablo del ticket de compra en un supermercado lo utilizo y encuentro ahí un significado poético.

Y ¿qué quiero decir con complejo? Meter un elemento en un sistema y armar con él algo que recuerde a un organismo vivo. ¿Qué es la complejidad? Cuando varios sistemas entran en interacción. Esta manera de armar un sistema, que parece vivo y que está en interacción y que crece orgánicamente, es lo que yo llamo complejidad. Narrar desde un sistema red y no desde un sistema arbóreo o jerárquico en un mundo contemporáneo que se estructura de esta manera.

Es decir, tú buscas crear tu propia red con todos esos residuos, darles vida a partir de la resignificación.

Todo eso tiene que ver con algo que hago yo mucho: la técnica del apropiacionismo. Apropiarte de cosas y recontextualizarlas en un nuevo sistema, lo que para mí eso significa en el fondo es crear realidad. Es decir, creo que la realidad no es algo que está ahí fuera esperándonos, la realidad se construye como lenguaje.

A partir de hallazgos metafóricos o poéticos se encuentran significados nuevos a las mismas cosas. O podríamos decirlo también como «ampliar el campo semántico de las cosas, dotarlos de una nueva semántica».

Para mí eso es a lo único que ha de resumir-se la literatura en general. Pero eso incluye a las emociones. No es algo frío. Mi intención es hallar una metáfora nueva que cree una sensación nueva.

Ahí es donde surge lo particular de tu obra. No buscas conseguir una explicación científica de nada, sino que tu interés reside en ese afán por generar algo nuevo porque es tu intuición científica. Te apropias de lo que necesitas para generar una resignificación a partir de conceptos que a primera vista no son compatibles. Y cuando esto lo aplicas a la poesía, produces en el lector emociones nuevas, nuevos efectos.

Es lo que llamo crear realidad. Hay algo en la realidad que antes no existía y ahora, gracias, a esa metáfora, existe.

¿Qué estás escribiendo ahora?

He terminado mi nuevo libro de poemas, quiero acabar el ensayo del que te he hablado y estoy con un par de novelas que voy haciendo cuando me apetece. Trabajo todo al mismo tiempo. Tal vez estoy quince días con algo y, cuando me aburro, paso otra cosa y no me importa; al contrario, intento olvidarlo completamente porque sé que volverá después. Todo vuelve de algún modo. Incluso lo que estoy haciendo en ensayo de repente me va a llegar transformado en poesía. Para mí esa forma de trabajar, que puede parecer caótica, es orgánica; es muy diferente porque es coherente. En el caos es donde no hay coherencia y aquí sí que hay coherencia aunque vayas de una cosa otra, tiene sentido. Es como girar el caleidoscopio para ver todo de una manera más orgánica y lo que antes, bajo un modelo clásico, nos parecía un caos, de pronto te das cuenta de que es una coherencia en red. Lo que tienes que cambiar es la imagen, como en matemáticas.

[…] Creo que la realidad no es algo que está ahí fuera esperándonos, la realidad se construye como lenguaje.

¿Hay alguna otra cosa que motive tu escritura, que detone tu proceso creativo?, ¿el cine, la fotografía, salir a caminar en la playa?

A mí me aparecen muchas ideas cuando veo televisión. La televisión es una fuente inagotable de ideas por lo que te decía antes, porque son ideas «basura» que descontextualizo y aprovecho como algo de alta cultura. No sabes la cantidad de ideas que me han surgido al ver un spot publicitario de detergente; una serie a veces me sirve para canalizar mis pensamientos.

Me inspira mucho la fotografía, creo que es la cosa más misteriosa que hay, más que el cine. Es un misterio absoluto, me parece inquietante en sí misma.

Siempre me surgen cosas para la literatura o ideas desde lugares que casi nunca son de la literatura: televisión, fotografía, ciencia. Son cosas que aparecen tangencialmente, como un meteorito que de repente cruza el cielo, pasa y no pertenece a la tierra, pero me influye a mí, que estoy en el planeta. Estoy muy atento a esa especie de epifanía, a momentos en los que de repente algo se te revela, suelen ser a veces cosas tontas que no vienen de la alta cultura ni nada.

Para mí el creador es como un marciano, un extraterrestre que recién aterrizó y que empieza a definir lo que ve; entonces, claro, el extraterrestre definirá lo que vea en el planeta con unas teorías nuevas que ya no serán antropocéntricas sino marcianocéntricas, por decirlo de algún modo. El creador es el que de repente gira un poquito el concepto y nos hace ver lo de siempre de un modo en que nadie lo había visto nunca, como ser un marciano en la tierra. Redefinir es lo que me anima, insisto en que no lo hago porque quiera cambiar el mundo, es sólo que mi cabeza es así, no podría pensar de otra manera. Dicho de otro modo, no escribo lo que quiero, escribo lo que puedo.

¿Quién es Agustín Fernández Mallo?

Nunca me cuestiono quién soy. Es muy difícil. Es una persona que intenta explicarse el mundo a través de, básicamente, una investigación poética.

La mayor sensación de felicidad que me da es cuando llego a un hallazgo poético o intelectual, creo que no hay mayor satisfacción. Eso es lo que me mueve. Por ejemplo, no puedo acostarme sin una idea en la cabeza que me guste. Para acostarme, en lugar de estar sin nada, vacío, tengo que tener algo, y entonces me duermo tranquilo. Tiene que estar ocupada la mente. Pero si me acuesto sin nada en la cabeza, sin nada metafórico, sin nada que llame mi curiosidad de una manera potente me siento vacío, me deprimo, me da la sensación de que al día siguiente no me voy a despertar; tengo que sentir esa excitación poética e intelectual.

Fuente: Tierraadentro.

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