A falta de una ley natural que regule la relación entre los sexos cada ser hablante se topa azarosamente con un trozo de real, fruto de una singular colisión entre lalengua y su cuerpo. Las identificaciones sexuadas en la era patriarcal parecían ofrecer un asiento algo más estable para tratar este real sin ley, con el cortejo de síntomas que le fueron propios.

Pero desde que la ciencia y el capital unieran sus fuerzas para erigir este nuevo cogito que hoy nos rige –Compro, luego Soy-, el tratamiento de lo real del goce sin ley se reviste de nuevos y asombrosos semblantes, cuanto que en la sexuación más se extiende el desorden de lo real.

¿Algún futuro nos depara este desorden en el que pueda concebirse que haya más de dos sexos entre los seres que hablan? Lacan es tajante en el Seminario …ou pire, donde dice: “Que el sexo sea real no da lugar a la menor duda, y su estructura misma es lo dual, el número dos. Piénsese lo que se piense, no hay más que dos: los hombres, las mujeres (…) Cuando se trata de sexo, se trata del otro sexo, incluso cuando se prefiere el mismo.”(1) Luego suaviza esta afirmación reconociendo que esta bipartición es cuanto menos a cada instante huidiza.

¿Suscribiríamos hoy esta partición que se desprende de las fórmulas cuánticas de la sexuación producidas en su enseñanza de los años ‘70?

Como “tentativa heroica de hacer del psicoanálisis una ciencia de lo real”(2) , estima Jacques-Alain Miller en su conferencia de presentación del tema del próximo Congreso de la AMP, la escritura de estas fórmulas en las que Lacan busca bordear los callejones sin salida de la sexualidad, en una trama lógica matemática ordenada alrededor de la función fálica. Pero este intento de confinar el goce a la pequeña diferencia(3), no parece sintonizar bien con el creciente disloque de la sexuación que se vislumbra para el siglo XXI.

Una torre de Babel envuelve este desbarajuste. Diversas teorías de género atribuyen la identidad sexual a la cultura, y hay hasta quienes proclaman, como Judith Butler, una autodesignación del sexo(4). El común denominador de estas teorías nominalistas es desconocer la dimensión real del sexo y el carácter de semblante de todo lo que contingentemente puede rodear y revestir este real.

El movimiento gay por su parte, cada vez más poblado, se afirma en una identidad de goce comunitario, la teoría queer por el contrario, reivindica el derecho a la diferencia, a inventar una sexualidad propia. Son solo dos ejemplos.

Mientras tanto… crece el desorden de lo real en la sexuación, debido a que el discurso del capitalismo forcluye la castración de la que el amor depende para suplir al agujero de la relación sexual que no hay.

Vaya un ejemplo. Japón: un país en el que oriente y occidente se amalgaman, donde Oshima en los años 70 llevó a la pantalla El Imperio de los sentidos, tiene hoy el record mundial de abstinencia sexual. El Instituto Nacional de Sexología Japonesa ha inventado un término sexless (sin sexo) para designar a las parejas que casi no tienen vida sexual, entre el 60 y el 70 por ciento a partir de los 40 años. Parece que la disculpa… estoy cansado, es el argumento más utilizado por los japoneses.

La habitación de al lado(5), título de un libro de una psicóloga japonesa que evoca el infierno de las parejas sin sexo se ha convertido en un best-seller. Pero como correlato de esta abstinencia voluntaria, el sexo está en todas partes y se ofrece por todas partes, al punto que el negocio del sexo representa el uno por ciento del producto bruto de la economía japonesa (20.000 millones de euros).

L’empire des sans(6) es un documental que trata de la miseria sexual en Japón. Allí podrán ver la magnitud del negocio de los videobox, especies de colmenas hechas de pequeñas cabinas individuales donde los hombres acuden para satisfacer su autoerotismo con unos dispositivos especialmente diseñados, emuladores del genital femenino que optimizan el placer masculino, mientras proyectan películas porno en una pantalla. Oirán decir a un entrevistado que para un hombre es mucho más fácil y placentero asistir a este sitio que acostarse con una mujer real y tener que estar pendiente de si ella ha gozado.

Otra variante son las loveldolls, bellísimas muñecas diseñadas para todos los gustos y de un asombroso parecido con la realidad. Con ellas el sexo es más cómodo, más sencillo y más rentables, porque a estas preciosidades no hay que hacerles regalos.

Para los más solitarios y de escasos recursos económicos hay locales donde por 10 euros la hora pueden acariciar a gatos, y otros donde una señorita les hace un suave y delicado masaje en la oreja. Y para quien desee jugar a ser un bebé hay sitios donde una chica disfrazada hará las veces de mamá.

La llamada desbandada conyugal es tan grande, que Japón está entre los últimos países en el mundo en tasa de natalidad. Si siguen así en 2050 el país habrá perdido 35 millones de habitantes.

Tampoco faltan sexshop para el placer femenino que ofrecen más de 8.000 juguetes sexuales y manuales con técnicas amatorias. Una feminista entrevistada dice que hoy los jóvenes no tienen ganas de hacer el amor, y que los hombres no hacen esfuerzos por seducir a las mujeres” (¡pide un esfuerzo!). Hay información por todas partes pero para las mujeres termina convirtiéndose en un infierno.

¿Crisis de la posición viril? ¿Consecuencia de la declinación del Nombre del Padre? ¿Primado del falo imaginario? ¿Autismo generalizado del goce? ¿Declive del amor? Todo parece indicar que los japoneses se hallan atrapados en un goce triste, las mujeres cada vez más deprimidas, los hombres encarcelados en la monotonía del goce del idiota, según la conocida expresión de Lacan.

¿Y la juventud? La mitad entre los 20 y 30 años no se interesa por las relaciones amorosas, solo prestan atención a su imagen, su peinado y su forma de vestir. Son la generación I love me, que rechazan la pareja y los hijos.

¿Son los objetos de consumo los que han apagado el deseo de los japoneses, así como de tantos erráticos seres de esta sórdida hipermodernidad? ¿Es el imperativo de goce que impone el superyó capitalista que no cesa de vociferar?

Para mi sorpresa, la voz en off concluye diciendo: En Japón hay sexo, lo que no hay son relaciones. ¡Excelente…! ¡El mundo se vuelve cada día más lacaniano…!

A contracorriente de esta tristeza generalizada, el discurso analítico avanza en una dirección que permite al sujeto orientarse en la estructura, hasta poder alcanzar, si se persevera en el camino, lo que llamaba Lacan, parafraseando a Nietzsche, el saber alegre (gay savoir(7)), haciendo asimismo posible otra relación con el cuerpo que, a la manera de lo que en música se denomina alegro, haga de contrapunto al goce triste de nuestra época.

Notas:

1-. Lacan, J. El Seminario, libro IXX, …O peor. Buenos Aires, Paidós, 2012, p.153.
2-. Miller J.-A., “Un real para el siglo XXI”, Scilicet, edición en diciembre 2013.
3-. Lacan, J. El Seminario, libro IXX, …O peor. op. cit.,pag.11
4-. Butler, J. El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona; Paidós Ibérica, 2007.
5-. Futamatsu, Mayumi. Título en japonés “Tonari no Shinshitsu» (No hay traducción del japonés).
6-. “L’empire des sans” una película de Pierre Caule. En Dailymotion. El título es un equívoco con “L’empire des sens” (El imperio de los sentidos). “sans”: lo que no hay.
7-. Lacan J., “Televisión”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 552.

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* Texto publicado originalmente en What’s Up! http://www.congresamp2014.com/es/template.php?file=Whats-up.html

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