Editorial El Psicoanálisis nº 47

El núcleo clínico y epistémico de este número de El Psicoanálisis es la repetición y, como veremos, obligadamente el goce. Decimos obligadamente porque tanto en Freud como en Lacan, la repetición se vincula al displacer, pero no de cualquier forma. No se trata de la repetición en el sentido de una vuelta a empezar como lo puede hacer una máquina sino de algo más complejo y que, a lo largo de la enseñanza de Lacan, va adquiriendo diferentes matices, incluso va tor-nándose una noción distinta según sea el momento en el que Lacan va trabajando, va dando vueltas a esta noción fundamen-tal para el psicoanálisis.

En el número que tenemos en nuestras manos encontra-mos como texto fundamental «El psicoanálisis desnudado por su soltero», una conferencia pronunciada por Jacques-Alain Miller en Burdeos que se centra en un momento clave de la enseñanza de Lacan en lo que a la repetición se refiere: el Seminario 17. El título de la conferencia hace alusión a la obra de Marcel Duchamp La novia desnudada por sus solteros, incluso (El Gran Vidrio) que hemos elegido como cubierta. Inspirán-dose en ella, Jacques-Alain Miller toma a Lacan como el soltero que, en este seminario, desnuda al psicoanálisis, a Freud, pero también a Hegel y a Wittgenstein, a partir de lo cual da un giro decidido a su enseñanza. También nos dice que, más allá de esto, con lo que nos encontramos es con «un verdadero san Sebastián acribillado con flechas, que es el propio Lacan marti-rizado por Lacan»,1 un Lacan contra Lacan: Lacan I y Lacan II que cuestiona sus propios postulados. La repetición, entonces, central en este seminario, deja de ser lo que era para volverse esencial en el inconsciente como efecto de goce, incluso como conmemorativa de una irrupción de goce, no ya como efecto de verdad.

Tratar la repetición como conmemorativa de una irrupción de goce tiene consecuencias clínicas. Para el psicoanálisis laca-niano no se trata de programar o desprogramar, no se trata de comprender como tampoco de recetar un simple «dejar de pensar, de hacer lo mismo, de repetir». Para la pulsión no hay coaching posible.

Lacan plantea que «la repetición es una denotación precisa de un rasgo que he extraído para ustedes del texto de Freud como idéntico al rasgo unario, un palote, un elemento de la escritura, un rasgo en tanto conmemora una irrupción del goce».2 Se trata, entonces, para el sujeto, de la repetición en su vínculo más elemental con una marca que hace vibrar su cuerpo, sin más. Este momento inaugural y sin fin se mueve entre la homeostasis, el placer y el displacer, entre el más y el menos, el demasiado y el demasiado poco. La satisfacción está, ahí, implicada en toda su complejidad. «Se empieza con las cosquillas y se acaba en la parrilla»,3 leemos en la lección V. Hace falta, dice Jacques-Alain Miller, «una marca en el cuerpo para extraer de su homeostasis un displacer exquisito».4 De ahí nuestro título.

Irrupción, inscripción, pues, de goce que será radicalizada por Lacan con el Il y a de l’Un que abre el final de su ense-ñanza. Huella inmortal.

De este Uno, por tanto, también nos ocupamos en este número de El Psicoanálisis, precisando el puente conceptual que va necesariamente de la repetición al «Hay Uno». Esta es la razón de los textos que el lector encontrará en la sección «El Uno solo», y del texto que aborda el trazo único en Shitao, como también una de sus pinturas, titulada Volviendo a casa que el lector encontrará en el interior, junto al sumario.

Para seguir de cerca el hilo entre la formalización más ele-mental de la repetición y la extracción del Uno solo, giro esencial en la enseñanza de Lacan, recordemos lo que Éric Laurent dijo a este respecto: «Esta inscripción [la del Fort-Da] Lacan la radicaliza con el Il y a de l’Un. Es el segundo momento. El Il y a de l’Un retoma lo que fue esa inscripción en el cuerpo, esa onda mortal, que es una onda de goce que viene a inscribir en el cuerpo el goce que fue la inscripción de esa pérdida, que marca».5

Los textos publicados en este número de la revista de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis dan cuenta, desde distintas aristas, del eje repetición-goce y de cómo el sujeto conmemora esa marca entre síntoma y fantasma, para extraer sin saberlo un displacer exquisito que repite a la vez que intenta borrar. Goce del que, digámoslo, nunca se podrá librar.

He aquí el «desastre del goce»6 en medio del cual el sujeto intenta siempre hacer volver, reintroducir —de maneras más o menos afortunadas—, con su cuerpo y a su cuerpo, al menos un poquito de goce. Este es el núcleo, el quid de la cuestión.

 

Notas:

  1. Miller, J.-A., «El psicoanálisis desnudado por su soltero», en este número, p. 14.
  2. Lacan, J., El Seminario, libro 17: El Reverso del Psicoanálisis, 1969-1970, (texto establecido por J.-A. Miller), Buenos Aires: Paidós, 2008, p. 82.
  3. Ibid., p. 77.
  4. Miller, J.-A., «El psicoanálisis desnudado por su soltero», op. cit., p. 23 (las cursivas son nuestras).
  5. Laurent, É., «El Uno solo», Freudiana, 83 (2018), p. 82.
  6. Miller, J.-A., «El psicoanálisis desnudado por su soltero», op. cit., p.25