Crónica: La clase (Entre les murs)*. Laia Gil Chafer (Valencia)

Como viene siendo habitual, en primer lugar intervino José Vanaclocha, que con su largo historial como comentarista de cine, introduce la película en su momento histórico, describe las formas del director y nos trae el bagaje artístico, tanto de los actores, del director como de los guionistas. Además, deja preguntas sobre la mesa que más tarde retoman o los contertulianos o los presentes en el debate.

El director: Laurent Cantet. Esta es su cuarta entrega filmográfica: “Recursos humanos” (1999), “El empleo del tiempo” (2001) y “Hacia el sur” (2005). Fue precisamente en una presentación radiofónica de esta película del 2005, que coincidió con F. Bégaudeau. L. Cantet le comentaba que quería rodar una película y que ya estaba escribiendo un guión sobre un instituto y lo que allí sucedia; F. Bégaudeau iba al mismo tiempo a presentar su libro “Entre les murs”. Con el entusiasmo del encuentro adaptaron el guión y eligieron este instituto, en las afueras del cinturón de París, entre otras cosas por la multiculturalidad del alumnado.

Los actores : Tanto los alumnos como los profesores, incluido el profesor, que es al mismo tiempo el escritor de “Entre les murs” son personajes reales, no son actores y está rodada a modo de cámara integrada (steady cam) y quien visualiza la película se siente dentro de la clase.

Vanaclocha, dejó unas preguntas en el aire: ¿Qué es la autoridad? ¿Cómo ejercer la autoridad en la educación? ¿Habría que ejercer la autoridad pero sin tiranía, como cuestión jerárquica? ¿Hay que mantener un plan de enseñanza o hay que dejar lugar a la improvisación en la educación?

Con estos planteamientos sobre la mesa, retomaron el tema los contertulianos: Teresa Ferrer y Patricia Tassara, que esta vez era la invitada a intervenir en esta tertulia que ya dura casi cinco cursos.

Patricia Tassara, comenzó interrogándose, con ¿Qué autoridad sostiene al profesorado y a este en su particularidad?

Se preguntó que hay de deseo detrás de un profesor para transmitir un saber que él posee, pues si no lo hubiera, sería transmitir un saber muerto. Pero también que del lado del alumno, hay deseo o no, consentimiento o no, para recibir los conocimientos.

Dijo, Patrica Tassara, que en este film se puede observar de manera muy clara cómo surgen nuevas formas de autoridad y que hoy en día habría que buscar alguna que responsabilice al sujeto. Es decir, no todo depende del alumno o del profesor, cada cual asume su responsabilidad ante un fracaso.

Sobre el profesorado, se pregunta: ¿el profesor se plantea “qué no funciona”?, pues un profesor debería saber como dijo S. Freud, en “cartas al bachillerato”, que los alumnos siempre se cobran las cartas pendientes de los padres con el profesor. ¿El profesor se pregunta que sucede en el sistema educativo, o como se ve en la película, se pregunta sobre el precio de la maquina de café?…

Otra cuestión que planteó a debate fue el momento en que el profesor patina y llama fulanas a las alumnas. ¿Por qué patina?

Teresa Ferrer, intervino en este punto y comentó que quizá, la palabra buscada en este caso era angustia. Algo de la angustia, dijo, se ve rodar en el profesorado. En la singularidad, que no particularidad del sujeto, a este profesor en singular, la angustia le hace perder los estribos. Pues nombrando a Freud, Teresa Ferrer recordó que la educación era una de las tres profesiones imposibles. En esta, siempre hay algo imposible de educar.

Con la palabra ya a debate, se hicieron algunas intervenciones muy interesantes. ¿Cómo mueve el deseo un profesor, ante la imposibilidad de actuar, frente a una enseñanza totalmente burocratizada?

Había presentes muchos profesores, entre ellos una de enseñanza media en París. La película tiene, como ella misma afirmó, el tono de lo que sucede en Francia con lo multicultural. ¿Cuál es de entre todas las culturas de La clase la que impera?

Otra cosa que sucede, afirmaba, es que el cuerpo del alumno causa angustia a los profesores. Los cuerpos, del alumnado, son algo que impacta. El profesor siempre elevado en una tarima, en el país vecino, cuando se pone a la misma altura se paraliza. T. Ferrer, señaló entonces, que quizá este fuera el rasgo de este profesor. Tendría que saber manejar, en el marco de su fantasma, la angustia que le produce la cercanía corporal.

Esta vez, una profesora portuguesa hablaba del malentendido como fuente de malestar en las aulas. Algo que causa mucho problema tanto dentro como fuera de la clase, para el enseñante. Buen ejemplo es la escena en la que hay que evaluar a Souleymane.

Otra intervención, demandaba si en Francia sucedía que se obligaba a los profesores a impartir una asignatura que no era la que habían cursado. La respuesta dada entre los asistentes, fue que no importaba, pues también es una bonita forma de mostrar cómo hacer cuando a los alumnos no les gustan las matemáticas o cualquier otra asignatura. Del mismo modo, cayó la crítica en el sistema educativo francés, que hace treinta años que no cambia, mientras que los alumnos sí lo hacen.

También hubo comentarios sobre la niña que se acerca al profesor, y le dice que no ha aprendido nada. O la alumna que con la educación en la Republique, sorprende al profesor describiendo la lectura que había hecho en solitario de la República de Platón.

Teresa Ferrer hizo una última intervención, sobre la escena en que el consejo escolar vota democráticamente si se expulsa a Souleymane. Ponía sobre la mesa, si en estos tiempos se confunde democracia con legalidad. Si la legalidad no está sometida a lo que la mayoría decide con las urnas. Pues hay cosas más allá de la película, que sólo se aceptan, no por el término legal, sino por que se ha votado a favor por una mayoría.

Muchos fueron los intervinientes y asistentes. Es un tema que mueve pasiones y está sujeto a gran debate en la calle.

* Laurent Cantet, 2008. Basada en la novela de François Bégaudeau.

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