Comentario del Capítulo I, "Acto y acción", del Seminario 15 de Lacan*
En esta primera lección del Seminario XV, El acto psicoanalítico, Lacan contrapone acto no sólo a acción sino, en cierto modo, a poesía. Por su parte Miller, en Un Esfuerzo de Poesía desarrollará cómo desde esa doble oposición el psicoanálisis se contrapone, a su vez, a la acción social -que no deja de ser la del gran Otro absoluto- posicionándose nuestra práctica por fuera del resto de acciones de la civilización actual.
Respecto a la poesía, Lacan dice aquí, que “también hace algo”1. Sin embargo, siguiendo a Castellanos2, diríamos que el acto analítico más que un hacer consiste en un “dejar hacer” que permita abrirse al inconsciente.
En este seminario Lacan pretende dilucidar qué es el acto psicoanalítico. Para preguntarse qué es lo que hace de particular el psicoanálisis o qué hace consustancialmente al psicoanalista, comienza diferenciando dos términos: acto y acción. Ya durante su curso previo, sobre la lógica del fantasma, había introducido una primera contraposición, oponiendo el acto analítico al sexual, al cual calificó de acto no verdadero ya que no engendra un sujeto, sino que pone en juego la esencia de éste, pero objetivada, en forma de objeto a -como representante del sujeto al tiempo que su objeto parcial-. De ese modo ya aportaba una primera característica del acto analítico y es que éste involucra profundamente al sujeto -del inconsciente-. En el psicoanálisis -al contrario que en el acto sexual- se pone en acto al sujeto. En el Seminario XIV dice Lacan: “el acto es un significante que se repite […]. Es instauración del sujeto como tal, es decir que, de un acto verdadero, el sujeto sale diferente. Debido al corte, su estructura se modifica”3. Está aquí señalando la estructura de lenguaje que sostiene al sujeto del inconsciente, su máxima prínceps y que mantendrá a lo largo de toda su enseñanza: el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Por otra parte, toma el término acción en el sentido de mera motricidad o descarga energética al que muchos analistas se refieren al limitarse al modelo del arco reflejo para explicar el aparato psíquico. Este enfoque, cuestiona Lacan, es sólo un cortocircuito que ignora el desarrollo que Freud hizo con el sistema Psi. Cuando en este capítulo critica a Pavlov por su experimento científico pretendidamente vaciado de sujeto pensante, Lacan sarcástico le reconoce ser todo un estructuralista, aún sin saberlo el propio Pavlov, pues consigue mostrar que “el significante es lo que representa a un sujeto para otro significante”4 y “que toda operación que involucre los significantes como tales implica la presencia del sujeto”5. Esta relación del significante con el sujeto no es necesaria saberla para que exista, pero sí es necesario saber de ella para producirla. Sería la tarea del analista quien, mediante la puesta en funcionamiento del Sujeto supuesto Saber, puede llevar al paciente a traspasar la barrera imaginaria y abrirse al sujeto del inconsciente. Si el paciente lo logra, ese sería su primer acto: la entrada en análisis, advenir analizante. También está el acto de franqueamiento de analizante a analista al final y están los diversos actos intermedios a lo largo del recorrido analítico. Franqueamiento de un umbral es, por lo tanto, otra característica del acto.
¿En qué consiste este acto? No es una acción, no es estrictamente un hacer...Una acción puede ser pasiva, el acto siempre lo realiza un sujeto activo. El hacer analítico es más un dejar hacer al paciente/analizante, pero un dejar hacer atento -en una escucha flotante- a que “salte la liebre” y ahí pueda emerger un acto, una transformación subjetiva.
Victoria Vicente, en “Algunas consideraciones sobre el acto analítico”6refiere que este concepto tiene sus antecedentes en el de relación analítica. Relación para Lacan significa el “embrague de un significante con otro” (S1—S2)7. A partir del curso de Miller Respuestas de lo Real rescata el esquema L como esquema estructural de la dialéctica intersubjetiva puesta en juego en el análisis, no como contratransferencia sino como la inclusión del eje simbólico que va del sujeto al Otro (S----A).
Seguí entonces esta referencia y Miller, en su séptima clase titulada El acto analítico, dice que éste es un término completamente lacaniano y que no parte de la enseñanza freudiana. Miller, a su vez, enuncia que lo propio de este acto es ser un “acto sin Otro”. Pero que sí implica “un saber que tiene que ver con el resto, o sea, con lo que el Otro no sabe”8 -el objeto a-. Ese Otro que ha de estar ausente en un análisis es el del reconocimiento y su ausencia implica que “el analista sólo se autoriza por sí mismo” y pone en cuestión al inconsciente entendido como “discurso del Otro”, tal como Lacan lo entendía en su primera enseñanza. “La condición para situarse al nivel del acto analítico es, precisamente, reconsiderar esta concepción de la consistencia del Otro”9. Es en el grafo del deseo donde Lacan hace ese giro fundamental. Introducir la noción de deseo como simbólico es lo que le permite ir más allá de Freud y su impasse buscando una última palabra posible. Lacan afirma que no hay una última palabra y apuesta por el pase “a partir del objeto a como insustituible”, apuesta que se convierte en acto en cada pase. El primer Otro Simbólico es ya un primer más allá del eje imaginario (Esquema L), un Otro de la palabra y la verdad; pero allí es consistente, cuyo punto de capitón es el Nombre del Padre y el significante falo -enseñanza de la época del Informe de Roma (1953) y los cuatro primeros Seminarios (hasta 1957). Acorde con esta concepción inicial, el analista sería alguien que sabe. Por ello Lacan se refiere a su definición de la transferencia como puesta en acto de la realidad inconsciente, que es sexual y dice: “los psicoanalistas [...] estamos [...] en una relación con la realidad del inconsciente que nuestra intervención no sólo saca a la luz, sino también engendra [...] la realidad sexual”10. Hay un saber sexual que se pone en acto a través de la transferencia generada por el acto analítico. Poner en juego al sujeto de ese inconsciente supone entrar en análisis a partir del sujeto supuesto saber y para ello el Otro no puede saber consistentemente. Entonces Lacan, y el analista, involucra al sujeto del inconsciente a partir de un franqueamiento del eje imaginario permitiendo que el sujeto se dirija a su Otro simbólico.
Introducir el deseo lleva a la “ética lacaniana” y al deseo del analista -creo que ambas expresiones son estrictamente lacanianas- que a su vez “nos preparan para el término acto”11.
Preparando este trabajo me pregunté por qué Lacan inicia este curso sobre el acto analítico oponiéndolo al término acción. Pienso que en su seminario previo ya va decantando el concepto de acto como franqueamiento, a partir de lo que dilucida como atravesamiento del fantasma, lo cual supone una separación entre el efecto de sentido y el producto de goce. En 1982 Miller hablaba de atravesar el fantasma como “remontar hacia aquello que soporta esa escenografía […], a saber, la falta del Otro”12. A fin de cuentas, como él mismo señala también en su presentación del Seminario XV, Lacan en el fondo se está preguntando qué es un analista, en un momento en el que ofrece su propia respuesta del Pase en la “Proposición del 9 de Octubre 1967” -mismo año del inicio de ese curso-, propuesta que viene a romper con la concepción de la IPA que entiende el devenir analista como una identificación con el propio psicoanalista. Frente a la IPA Lacan afirmará que el psicoanalista es producto de su propio análisis. La Proposición es presentada entre los Seminarios XIV y XV, a saber, El fantasma y El acto. Miller se refiere a este último seminario como “un punto de inflexión” en la pregunta sobre qué es un analista. Por esto creo que con este inicio Lacan pretende marcar distancia con la IPA, que no tuvo en cuenta en el análisis la relación simbólica que implica, es decir la propia relación del sujeto con la palabra.
Para terminar, resumo con Miller:
“En el comienzo, hay un deseo inédito que supone un franqueamiento, o sea, un acto, al modo del cruce del Rubicón. Ese es el acto del analizante, pero quien consuma el acto psicoanalítico en sentido estricto es el psicoanalista, cuando abre a ese analizante el campo del “sujeto supuesto saber” en el que se descifra el inconsciente. En el final, el S.S.S. se desvanece, mientras que el analista –su soporte– es evacuado como residuo de la operación. El analizado transformado en analista toma su relevo”13.
*Texto presentado en el espacio Asuntos de Escuela de la Comunidad de Galicia el 17 de septiembre de 2026.
Notas:
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 15, El acto psicoanalítico. Paidós, Buenos Aires, 2026, p. 18. ↑
- Castellanos, Santiago. "Lo que causa revuelo". Freudiana, n. 105. ELP, Barcelona, 2026, p. 46. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 14, La lógica del fantasma. Paidós, Buenos Aires, 2023, p. 172. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 15, El acto psicoanalítico. Op.cit., p. 18. ↑
- Ibid., p. 19. ↑
- Vicente, Victoria. “Algunas consideraciones sobre el acto analítico”. Blog de la ELP, 2025. ↑
- Miller, Jacques-Alain. Respuestas de lo real. Paidós, Buenos Aires, 2024, p. 187. ↑
- Miller, Jacques-Alain. Respuestas de lo real. Op.cit., p. 200. ↑
- Ibid., p. 199. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1992, p. 156. ↑
- Miller, Jacques-Alain. Respuestas de lo real. Op. cit., p. 181. ↑
- Miller Jacques-Alain. “Symptôme-Fantasme”. La Cause du désir, n.114. Navarin, París, 2023, p. 75. ↑
- Miller, Jacques-Alain. Presentación del Seminario, libro 15, El acto psicoanalítico. Paidós, Buenos Aires, 2026, contraportada. ↑

Socia de la sede de Vigo de la Comunidad de Galicia de la ELP.
